Con la muerte de Amy Winehouse: El Club 27 abrió sus cupos
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Por Flavia Achermann el
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Era baja y delgada. Tenía tatuajes, un peinado de jopo inspirado en la década del sesenta, expresión de cansancio, una latente adicción a las drogas y una voz que estremecía al público cada vez que cantaba. Así era Amy Winehouse, la última promesa de la música que nos dejó a los 27 años.
Como bien lo dice una de sus canciones, quisieron llevarla a rehabilitación pero ella dijo no, no, no, y el final de esta historia desgraciadamente ya los conocemos. He conocido bastantes personas a las que les gustaba su música y sobre todo sus letras. No es que me declare una groupie de la inglesa, pero alcancé a escuchar sus dos discos. Ambos marcados por historias personales, potentes, dramáticas y hasta sarcásticas. Lástima que ya ninguno podrá esperar conocer un nuevo álbum, porque el “Club 27” se la llevó.
Existen diferentes hipótesis sobre la muerte de la cantante británica. Algunos aseguran a pie juntilla que es otra víctima de la maldición del éxito. Otros han creado una verdadera mitología en torno a ésta y otras muertes emblemáticas que sucedieron a los 27 años. En torno a los decesos, se creyó que los afectados tenían una deuda pendiente con el diablo, quien les habría ayudado a alcanzar su fama e influencia. Por otra parte, también existen los más escépticos – entre los que me encuentro – que afirman que esto sólo es cuestión de una extraña y mala coincidencia del destino.
Cada cual puede creer en lo que quiera, pero sea cual sea la verdadera respuesta a la muerte de Winehouse y otros ídolos de la industria musical, lo cierto es que esta edad es un verdadero enigma.
Había pasado harto tiempo desde la unión del último miembro a esta bohemia agrupación, pero al parecer el club quiso abrir los cupos y elegir a la elite entre la elite. Amy pasó a ser parte de este selecto grupo junto a Jimi Hendrix, Kurt Cobain y Janis Joplin. Todos, víctimas del Rock&roll lifestyle: Vida al límite y, lo más importante del asunto, un legado musical innegable.
Lo único que nos queda es esperar que este famoso club cierre sus puertas por un largo tiempo, o que los cupos por fin estén llenos para que el Club 27 -el de las drogas, el alcohol y los excesos, ese que dice: “Vive rápido y muere joven”- no se lleve otra voz.
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