Fiebre por cupcakes: Dulce invasión norteamericana
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Por Flavia Achermann el
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Los quequitos ya llegaron. Están por aquí y por allá. En fiestas, eventos, cumpleaños y aniversarios. A la hora de once, al desayuno o a medio día para engañar al hambre.
Son pequeños, coloridos y muy felices. Recuerdan a Plaza Sésamo, plasticina e infancia. Algunos vienen rellenos con chocolate, centro líquido o una que otra sorpresa. Como marshmellows o dibujos varios.
Los cupcakes – o queques buena onda como los llaman algunos – comenzaron su invasión y están colonizándonos de a poco. Ya están en centros comerciales, internet y algunas pastelerías especializadas en la materia. Creo que su estrategia es simple y efectiva. Su arma secreta consiste en tentarnos a través de formas, tamaños y sabores para hacer que comamos uno tras otro. Un ataque infalible.
Comer es una dulce tentación y para la mayoría de nosotras, el placer más culpable que existe. Luego de probar cosas ricas sentimos un terrible cargo de conciencia que recuerda delgados cánones de belleza.
Mientras saboreamos el sabor de esa última cena, tajantemente decidimos no hacerlo de nuevo y ponernos a dieta mañana mismo si es necesario pero siempre caemos ante un último mordisco de esto u aquello y qué mejor si es algo para endulzar el día a día.
Están por todos lados y ya no hay por dónde escaparse. Si todavía no has querido participar de esta exquisita guerra contra las dietas, Camelia Cupcakes, Silly Bakery y Yammy Cupcakes son algunos de los lugares donde podrás encontrarlos y jurar, una vez más, que el lunes la empiezas. Pueden ver sus grandes menús en los respectivos sitios web o incluso seguirlos por Facebook. En esta colonización, los cupcakes quieren tener amigos aliados y qué mejor que un buen tecito o cumpleaños para conocerlos.
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